B.2 ¿Por qué están los anarquistas contra el estado?
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Como se señaló anteriormente (en la sección B.1), los anarquistas se oponen a toda forma de autoridad jerárquica. Históricamente, sin embargo, han ocupado la mayor parte de su tiempo y energías en oponerse a dos principales formas en particular. Una es el capitalismo, la otra, el estado. Estas dos formas de autoridad se relacionan simbióticamente y no pueden separarse fácilmente:
Estado [...] y Capitalismo son hechos y concepciones que no podemos separar. Estas instituciones se han desarrollado en el curso de la historia apoyándose y fotaleciéndose una a la otra. Están relacionadas entre sí –no como una coincidencia accidental. Se asocian en una relación de causa y efecto.
Kropotkin Evolution and Environment, p. 94
Luego, en esta sección, además de explicar por qué los anarquistas se oponen al estado, necesariamente analizaremos su relación con el capitalismo.
¿Y qué es el estado? Como dice Malatesta, los anarquistas “han empleado el término Estado, y aún lo hacen, para significar la totalidad de las instituciones políticas, legislativas, judiciales, militares y financieras por medio de las cuales el manejo de los asuntos privados, el control de la conducta personal y la responsabilidad por la seguridad personal son extirpados de las personas y confiadas a otros quienes, por usurpación o delegación, son investidos con el poder de hacer leyes para todo y para todos, y obligar a la gente a acatarlas por medio de la fuerza colectiva, si es necesario." [Anarchy, p. 17]
Y sigue:
Para nosotros, el gobierno [o el estado] se compone de todos los gobernantes; y los gobernantes [...] son aquéllos con el poder de hacer leyes que regulan las relaciones interpersonales, y de ver que no se salgan de la regla [... y] que tienen el poder, en mayor o menor medida, de hacer uso del poder social, esto es, la fuerza física, intelectual y económica de toda la comunidad, con el propósito de obligar a todos a cumplir sus designios. Y es este poder, en opinión nuestra, el principio del gobierno, de la autoridad.
Op. cit., p. 19
Kropotkin sostenía un análisis similar, argumentando que el estado “incluye la existencia no sólo de un poder situado por sobre la sociedad, sino también de una concentración territorial así como la concentración en manos de unos pocos de muchas funciones en la vida de las sociedades [...] Debe desarrollarse todo un mecanismo de legislación y vigilancia para someter a ciertas clases a la dominación ajena.” [The State: Its Historic Role, p. 10] Para Bakunin, cualquier estado “no es en esencia más que una máquina que gobierna a las masas desde arriba, a través [...] de una minoría privilegiada, supuestamente en conocimiento de los genuinos intereses del pueblo, más que el pueblo mismo” [The Polotical Philosophy of Bakunin, p. 211] Al respecto, Murray Bookchin escribe:
Mínimamente, el Estado es un sistema profesional de coerción social –no un mero sistema de administración social como todavía lo concibe el público y muchos teóricos políticos. La palabra profesional' debe enfatizarse tanto como la palabra 'coerción' [...] Sólo cuando la coerción se institucionaliza hasta convertirla en una forma profesional, sistemática y organizada de control social –esto es, cuando las personas son arrebatadas de su vida cotidiana en una comunidad, esperándose no sólo que la 'administren' sino que hagan lo mismo al respaldar un monopolio de la violencia– que podemos hablar con propiedad de un Estado.
Remaking Society, p. 66
Como indica Bookchin, los anarquistas rechazan la idea de que el estado es lo mismo que la sociedad o que esa agrupación cualquiera de seres humanos viviendo y organizándose juntos es un estado. Esta confusión, como observa Kropotkin, explica por qué “los anarquistas generalmente son vituperados por querer 'destruir la sociedad' y por abogar un retorno de 'la permanente guerra de todos contra todos'.” Tal posición “pasa por alto el hecho de que el Hombre ha vivido en Sociedades por siglos antes de que se oyera una palabra acerca del Estado” y que, en consecuencia, en Estado “es sólo una de las formas adoptadas por la sociedad en el curso de la historia.” [Op. cit., p. 10]
Por lo tanto, el estado no es sólo una federación de individuos o pueblos y luego, como recalcaba Malatesta, no puede ser usado para describir “un colectivo humano congregado en un territorio determinado y formando lo que se da en llamar una unidad social que prescinde de la forma a la manera en que dicha colectividad está agrupada o el estado de relaciones entre sí.” No puede ser “utilizada simplemente como sinónimo de sociedad.” [Op. cit., p. 17] El estado es una forma particular de organización social basada en ciertos atributos claves, de manera que, aducimos, “la palabra 'Estado' [...] debiese estar reservada para aquellas sociedades centralizadas y con sistemas jerárquicos.” [Piotr Kropotkin, Ethics, p. 317s] Como tal, el estado, “es una institución histórica, transitoria, una forma temporal de sociedad.” [Bakunin, Michael Bakunin: Selected Writings, p. 151]
En síntesis, el estado es una manera específica en que los asuntos humanos se organizan en una región dada, marcada por ciertas instituciones que, a su vez, poseen ciertas características. Esto no implica, empero, que el estado sea un ente monolítico que ha permanecido igual desde su aparición hasta nuestros días. Los estados varían en muchas formas, especialmente en grado de autoritarismo, tamaño y poder de la burocracia y cómo están organizados. Así, tenemos monarquías, oligarquías, teocracias, dictaduras de partido y estados (más o menos) democráticos. Tenemos estados antiguos, con mínima burocracia, y modernos, con enormes burocracias.
Además, los anarquistas arguyen que “el régimen político [...] es siempre una expresión del régimen económico existente en el núcleo de la sociedad.” Esto quiere decir que independientemente de cómo varía el estado, “sigue estando modelado por el sistema económico, del cuál es siempre la expresión y, al mismo tiempo, la consagración y la fuerza sostenedora.” Inútil es decirlo, no siempre existe una correspondencia exacta y, a veces, “el régimen político de un país se retrasa respecto de los cambios económicos que tienen lugar, y en ese caso será abruptamente apartada y transformada de manera que concuerde con el régimen económico que se ha establecido.” [Kropotkin, Words of a Rebel, p. 118]
Otras veces, el estado puede cambiar su forma para proteger el sistema económico del cual es expresión. Así, podemos observar cómo las democracias devienen dictaduras en el rostro de revueltas y movimientos populares. Los ejemplos más evidentes de Pinochet en Chile, Franco en España, Mussolini en Italia y Hitler en Alemania confirman contundentemente el comentario de Bakunin de que, en tanto “[n]ingún gobierno sirva a los intereses económicos de la burguesía mejor que una república,” dicha clase “preferiría [...] una dictadura militar” si se trata de aplacar “las revueltas del proletariado.” [Bakunin on Anarchism, p. 417]
No obstante, por más que el estado pueda cambiar de forma, aún tendrá ciertas características que identifiquen a una institución social como un estado. De manera que podemos asertar que, para los anarquistas, es estado está marcado por tres cosas:
- un “monopolio de la violencia” dentro de una región determinada;
- esta violencia es de carácter “profesional” e institucional; y
- una naturaleza jerárquica, poder centralizado e iniciativa en manos de unos pocos.
De estos tres aspectos, el último (su naturaleza centralizada y jeráquica) es el más importante simplemente porque la concentración del poder en manos de una minoría garantiza una división de la sociedad entre gobernantes y gobernados (lo cual requiere la creación de un cuerpo profesional que haga cumplir tal división). De aquí que Bakunin aduzca que “[c]on el Estado debe ir también [...] toda organización de la vida social de arriba abajo, por medio de la legislacipon y el gobierno.” [The Political Philosophy of Bakunin, p. 242] En otras palabras, “el pueblo no se estaba gobernando a sí mismo.” [Kropotkin, op. cit., p. 120]
Este aspecto comporta al resto. En un estado, todas las personas que habitan en cierta región están sujetas al estado, sometiéndose a los individuos que conforman la institución autoritaria que rige dicho territorio. Para ejecutar la voluntad de esta minoría, debe haber un monopolio de la fuerza al interior del territorio.
Como los miembros del estado monopolizan en conjunto el poder político de decisión, constituyen un cuerpo privilegiado separado por su posición y estatus del resto de la población como un todo, lo cual significa que no pueden confiar en que harán cumplir su voluntad. Esto requiere de un cuerpo profesional de algún tipo que ponga ejecute sus decisiones, una fuerza policial o ejército aparte antes que armar a la gente.
A continuación, la división de la sociedad entre gobernantes y gobernados es la clave de la constitución de un estado. Sin esta división, no necesitaríamos un monopolio de la violencia y así tendríamos simplemente una asociación de iguales, exenta de poder y jerarquías (tal como existe en muchas tribus “primitivas” sin estado y existiría en una futura sociedad anarquista). Y, cabe recalcar, tal división existe incluso en estados democráticos ya que “junto al estado siempre hay una diferencia jerárquica y de estatus entre gobernantes y gobernados. Aunque se trate de una democracia, donde suponemos que quienes gobiernan hoy no lo harán mañana, persisten diferencias de estatus. En un sistema democrático, sólo una ínfima minoría tiene la oportunidad de gobernar, y ella proviene invariablemente de la elite.” [ Harold Barclay, The State, pp. 23-4]
Así, la “esencia del gobierno” es que “es una cosa aparte, que desarrolla sus propios intereses”, siendo “una institución que existe para sí misma, que depreda a la gente y le enseña cualquier cosa que tienda a mantenerlos seguros en su puesto.” [ Voltairine de Cleyre, The Voltairine de Cleyre Reader, p. 27 y p. 26] Y de esta suerte, “el despotismo reside no tanto en la forma del Estado o el poder como en el principio mismo del Estado y el poder político.” [Bakunin, op. cit., p. 211]
Como el estado es la delegación del poder en manos de la minoría, obviamente está basado en la jerarquía. Esta delegación del poder resulta en que las personas elegidas se aíslan de la masa de gente que las eligieron y escapan a su control (ver la sección B.2.4). Además, como los escogidos reciben poder sobre un número de diversos asuntos y se les indica que decidan sobre ellos, pronto se genera una burocracia en torno para ayudarles en la toma de las decisiones y ejecutarlas una vez resueltas. Sin embargo, esta burocracia, debido a su control de la información y a su permanencia, pronto obtiene más poder que los funcionario elegidos. Entonces, “una maquinaria estatal de alta complejidad [...] conduce a la formación de una clase especialmente asociada a la administración estatal, la cual, echando mano a su experiencia, comienza a engañar al resto en beneficio personal.” [Kropotkin, Selected Writings of Anarchism and Revolution, p. 61] Esto significa que quienes sirven a los (así llamados) servidores del pueblo tienen más poder que a quienes ellos sirven, tal como el político tiene más poder que sus electores. Toda forma de organización de tipo estatal (i.e. jerárquica) engendra inevitablemente una burocracia en torno. Esta burocracia pronto pasa a ser el punto focal de facto de poder en la estructura, independiente de la norma oficial.
Esta marginación y deshabilitación de la gente común (y el consiguiente empoderamiento de la burocracia) es la razón clave de la oposición del anarquismo al estado. Tal arreglo asegura la deshabilitación del individuo, su sujeción a la normativa burocrática y autoritaria que reduce a la persona a un objeto o un número, y no a una persona única con sueños, esperanzas, razones y sentimientos. Como Proudhon aseveraba vigorosamente:
Ser gobernado es estar bajo la vista, la inspección, el espionaje, la dirección, la regulación, la numeración, el enlistamiento, el adoctrinamiento, la predicación, el control, la medición, la valoración, la censura y el mando de criaturas que no tienen ni el derecho, ni la sabiduría ni la virtud para hacerlo [...] Ser gobernado es ser en cada operación, en cada transacción, anotado, registrado, inscrito, tasado, timbrado, medido, numerado, avaluado, patentado, autorizado, amonestado, proscrito, reformado, corregido y castigado. Es ser, bajo el pretexto de la utilidad pública y en nombre del interés general, supeditado a la contribución, entrenado, redimido, explotado, monopolizado, extorsionado, exprimido, mistificado, expoliado; luego, a la más mínima resistencia, la primera queja, ser reprimido, multado, despreciado, acosado, rastreado, abusado, golpeado, desarmado, estrangulado, apresado, juzgado, condenado, ejecutado, deportado, sacrificado, vendido y traicionado; y como guinda de la torta, burlado, ridiculizado, ultrajado, deshonrado. Eso es el gobierno; eso es la justicia; ésa es su moralidad.
General Idea of the Revolution, p. 294
Es tal la naturaleza del estado que cualquier acción, sin importar cuán malvada, se torna buena si promueve los intereses del estado y la minoría que protege. Como dijo Bakunin:
El Estado [...] es la más flagrante, cínica y completa negación de la humanidad. Despedaza la solidaridad universal de los todos hombres [y mujeres] sobre el planeta, y los empuja a una asociación con el único propósito de destruir, conquistar y esclavizar al resto [...]
Esta negación flagrante de la humanidad que constituye la genuina esencia del Estado es, desde el punto de vista del Estado, su deber supremo y mayor virtud [...] Así, ofender, oprimir, despojar, usurpar, asesinar o esclavizar al compatriota es por lo común reconocido como un crimen. En la vida pública, en cambio, desde el punto de vista del patriotismo, cuando estas cosas se hacen para mayor gloria del Estado, para la preservación de la extensión de su poder, se transforman en deber y en virtud. Y esta virtud, este deber se hacen obligatorios para todo ciudadano patriota; para todos, si se supone que se ejerzan no sólo contra extranjeros sino contra los propios compatriotas [...] siempre que el bienestar del Estado lo requiera.
Esto explica por qué, desde la aparición del Estado, el mundo de la política siempre ha sido y continúa siendo escenario de bellaquería y bandidaje [...] Esto explica por qué toda la historia de los estados antiguos y modernos no es más que una serie de sórdidos crímenes; por qué reyes y ministros, de ayer y de hoy, de todas épocas y países –estadistas, diplomáticos, burócratas y guerreros– al ser juzgados simplemente desde el punto de vista de la moral y la justicia humana, se han ganado unas cien o mil veces su sentencia a trabajo duro o a la horca. No hay horror, crueldad, sacrilegio, perjurio, impostura, infame transacción, robo cínico, impúdico pillaje o ruin traición que no haya sido o sea hoy perpetrado por los representantes de estado, sin más excusa que aquellas elásticas palabras, tan convenientes como terribles: 'por razones de estado.'
Bakunin on Anarchism, pp. 133-4
Los gobiernos usualmente mienten a la gente que dicen representar para justificar guerras, reducciones (cuando no destrucción) de libertades civiles y derechos humanos, políticas que van en beneficio de unos pocos sobre la mayoría, y otros crímenes. Y si sus subordinados protestan, el estado se sentirá feliz de emplear la fuerza que estime necesaria para hacer volver a los rebeldes a la fila (acuñando la expresión “ley y orden”). Esta represión incluye el uso de escuadrones mortíferos, la institucionalización de la tortura, castigos colectivos, detención indefinida y otros horrores que rayan en lo extremo.
Apenas sorprende el hecho de que el estado emplee la mayor parte del tiempo en garantizar la (mal)educación de la población –sólo disfrazando (cuando no ocultando) sus verdaderas prácticas puede asegurar la fidelidad de sus subordinados. La historia del estado podría ser vista nada más que como los intentos de sus sujetos de controlarlo y supeditarlo a los estándares que la gente aplica a sí misma.
Este comportamiento no es extraño, dado que los Anarquistas ven al estado, con su amplia envergadura y su control de la fuerza mortal, como la estructura jerárquica “cúlmine”, sufriendo todas las características asociadas a la autoridad descritas en la última sección. “Cualquier teoría laical e íntegra del Estado,” afirmada Bakunin, “está fundada esencialmente en el principio de autoridad, esto es, la idea eminentemente teológica, metafísica y política de que las masas, siempre incapaces de gobernarse a sí mismas, deben en todo caso someterse al benevolente yugo de una sabiduría y una justicia que les es impuesta, de una manera u otra, desde arriba.” [Bakunin on Anarchism, p. 142] Este sistema de autoridad no puede ser sino centralizado, jerárquico y burocrático por naturaleza. Y debido a su carácter centralizado, jerárquico y burocrático, el estado pasa a tener gran peso sobre la sociedad, restringiendo su crecimiento y desarrollo, y tornando imposible el control popular. En las palabras de Bakunin:
Los así llamados intereses generales de la sociedad supuestamente representados en el Estado [... son] en realidad [...] la negación permanente y general de los intereses positivos de las regiones, comunas y asociaciones, y un vasto número de individuos subordinados al Estado [... en el cual] todas las mejores aspiraciones, todas las fuerzas vivientes de una nación, son inmoladas y sepultadas con mojigatería.
The Political Philosophy of Bakunin, p. 207
Esto no es de ningún modo su fin. Así como por su evidente forma jerárquica, los anarquistas cuestionan al estado por otra razón igualmente importante. Nos referimos a su rol de defensor de la clase económica dominante de la sociedad del resto de ella (i.e. de la clase obrera). Esto significa, bajo el sistema actual, que los capitalistas “necesitan que el estado legalice sus métodos de saqueo, que proteja el sistema capitalista.” [[[Alexander Berkman|Berkman]], What is Anarchism?, p. 16] El estado, como ya discutimos en la sección B.2.1, es el defensor de la propiedad privada (ver la sección B.3 para una discusión de lo que significa este término para los anarquistas y la diferencia con la posesión individual)
Esto significa que en los estados capitalistas los mecanismos de dominación estatal son controlados por y para una élite corporativa (y por lo tanto las grandes corporaciones a menudo se consideran pertenecientes a un más amplio “complejo estatal”). De hecho, como expresamos con mayor profundidad en la sección F.8, el “Estado ha sido, y sigue siendo, el pilar fundamental y el creador, directo e indirecto, del Capitalismo y sus poderes sobre las masas.” [Kropotkin, Evolution and Environment, p. 97] La sección B.2.3 señala cómo se logra esta dominación en una democracia representativa.
No obstante, esto no quiere decir que los anarquistas piensen que el estado es puramente un instrumento de poder de clase económica. Como Malatesta argüía, mientras “exista una clase en especial (el gobierno), provista de los medios de represión necesarios, que legalice y proteja a la clase propietaria de las demandas de los trabajadores [...] usará los póderes a su disposición para crear privilegios para sí misma y para someter también, siempre que pueda, a la clase propietaria.” [Errico Malatesta: His Life and Ideas, p. 183] Así, el estado tiene intereses propios, distintos y a veces contrapuestos a la élite económica dominante. Esto significa que el estado y el capitalismo deben ser abolidos, ya que el primero constituye una clase distinta (opresiva y explotadora) tanto como el segundo. Este aspecto del estado se discute en la sección B.2.6.
En su rol de defensor del capitalismo, el estado se involucra no sólo en la dominación política sino también en la dominación económica. Esta dominación puede adoptar diferentes formas, desde el simple preservación de los derechos de propiedad capitalistas a ser dueño de hecho de lugares de trabajo y la explotación directa. Así, cada estado interviene en la economía de alguna manera. Mientras esto va usualmente en favor de la clase económica dominante, puede también ocurrir que intente mitigar la naturaleza antisocial del mercado capitalista y regular sus peores abusos. Este aspecto del estado lo discutimos en la sección B.2.2.
No es necesario decirlo, las características que distinguen a un estado no se desarrollan por casualidad. Como explicamos en la sección H.3.7, los anarquistas tienen una visión evolucionista del estado. Esto quiere decir que el propósito de su naturaleza jerárquica es la facilitación de la ejecución de su rol, su función. Como señalan las secciones B.2.4 y B.2.5, la centralización propia de un estado es necesaria para asegurar el gobierno de la élite y fue deliberada y activamente creada para ello. Esto significa que los estados, por propia naturaleza, son instituciones verticales que centralizan el poder en unas pocas manos y, por lo tanto, un estado “con sus tradiciones, su jerarquías y su estrecho nacionalismo [...] no puede ser utilizado como un instrumento de emancipación.” [Kropotkin, Evolution and Environment, p. 78] Es por esto que los anarquistas aspiran a crear una nueva forma de organizar la sociedad y la vida, descentralizada y fundada en la toma de decisiones desde las bases, y a la eliminación de la jerarquía.
Finalmente, debemos señalar que los anarquistas, a la vez que resaltan los puntos en común entre los estados, reconocen que ciertas formas del estado son mejores que otras. Las democracias, por ejemplo, tienden a ser menos opresivas que las dictaduras o las monarquías. Como tal, sería falaz concluir que los anarquistas, “al criticar el gobierno democrático mostramos nuestra preferencia a la monarquía. Estamos firmemente convencidos de que la república más imperfecta es mil veces mejor que la más ilustrada monarquía.” [Bakunin, Bakunin on Anarchism, p. 144] No obstante, esto no cambia la naturaleza o el rol del estado. Es más, las libertades que tengamos no dependen de la benevolencia del estado sino más bien mérito de la gente que se le opone y que ejerce su autonomía. Dejado a su voluntad, el estado pronto haría de las libertades y derechos que dice defender letra muerta –que se ve bien en el papel pero que no se practica en la vida real.
De esta manera, en el resto de esta sección discutiremos el tema del estado, su rol, su impacto en la libertad de una sociedad y los beneficiarios de su existencia. Para mayor profundidad al respecto, sugerimos el clásico ensayo de Kropotkin: The State: It's Historic Role. The State, de Harold Barclay es una buena revista a los orígenes del estado, sus transformaciones a través de los milenios y la naturaleza del estado moderno.



