B.1 ¿Por qué los anarquistas se oponen a la autoridad y a la jerarquía?
De Ateneo Virtual, la enciclopedia libre.
Lo primero, es necesario aclarar qué clase de autoridad desafía el anarquismo. Como indica Erich Fromm:
Autoridad es un término amplio con dos significados totalmente diferentes: puede haber autoridad 'racional' o 'irracional'. La autoridad racional se basa en la capacidad, y ayuda a crecer a la persona que se apoya en ella. La autoridad irracional se basa en el poder y sirve para explotar a la persona sujeta a ella"
To Have or To Be pp. 44-45
El mismo argumento utilizó Bakunin 100 años antes cuando indicaba la diferencia entre autoridad e influencia (ver Dios y el Estado).
El punto clave se explica con la diferencia entre tener autoridad y ser una autoridad. El ser una autoridad quiere decir que cierta persona es generalmente reconocida como experta en cierta tarea, basándose en sus conocimientos y destreza. Dicho de otra forma, en el peritaje socialmente reconocido. Por el contrario, el tener autoridad es una relación social basada en el poder y la posición derivada de una jerarquía, no en la abilidad individual. Es obvio que esto no quiere decir que la destreza no sea un elemento para obtener una posición jerárquica; sólo quiere decir que la competencia inicial real o alegada se transfiere al título de la autoridad.
Los anarquistas se oponen a la autoridad irracional y a la jerarquía, entendiendo por jerarquía la institucionalización de la autoridad dentro de la sociedad. Las relaciones sociales jerárquicas abarcan el sexismo, el racismo y la homofobia, a todas ellas se oponen los anarquistas. Como se ha dicho anteriormente (véase sección A.2.8), los anarquistas consideran todas las jerarquías no solamente dañinas sino también innecesarias, y creen que existen formas alternativas, más igualitarias de organizar la vida social. De hecho, mantenemos que la autoridad jerárquica crea precisamente las condiciones que supuestamente debe combatir, y por ello tiende a perpetuarse a sí misma. Así pues, las burocracias ostensiblemente organizadas para combatir la pobreza acaban perpetuándola, porque sin pobreza, esos tan bien pagados grandes administradores se quedarían sin trabajo. Lo mismo pasa con las agencias creadas para eliminar el abuso de las drogas, para combatir el crimen, etc. En otras palabras, el poder y los privilegios que se derivan de las posiciones jerárquicas más altas constituyen un gran incentivo para aquellos que las ocupan para no resolver los problemas que supuestamente deben resolver. (Para más discusión ver Marilyn French, "Beyond Power: On Women, Men, and Morals", Summit Books, 1985).



