A.2.17 ¿La gente no es muy estupida para que una sociedad libre pueda funcionar?

De Ateneo Virtual, la enciclopedia libre.

Es una pena haber tenido que incluir esta pregunta en una FAQ anarquista, pero sabemos que muchas ideologías políticas asumen de manera explícita que la gente común es muy estúpida para manejar sus propias vidas y la sociedad. Todos los aspectos de la agenda política capitalista, tanto la derecha como la izquierda, albergan a personas con este pensamiento. Ya sean leninistas, fabianos u objetivistas, se asume que sólo una pequeña élite es creativa e inteligente, y que esos individuos deben gobernar al resto. Usualmente, este elitismo se oculta tras la retórica de la "libertad", la "democracia" y otros conceptos por medio de los cuales los ideólogos tratan de engañar el pensamiento crítico de la gente diciéndoles lo que quieren oír.

Por supuesto, no es una sorpresa el que quienes creen en las élites naturales se consideren a sí mismos dentro de ellas. Falta por descubrir, por ejemplo, a un "objetivista" que se considere a sí mismo parte de la gran masa de "second-handers" o "subordinados" (impresiona escuchar a la gente que repite como loro las ideas de Ayn Rand, despidiendo así a las demás personas) o que haga el trabajo de limpiar retretes en la utopía del "verdadero" capitalismo. Cualquiera que lea un texto elitista se incluirá a sí mismo como parte de aquellos "elegidos". ¡Es "natural" que en una sociedad elitista se considere que la existencia de élites sea algo natural, y que hasta uno sea un miembro potencial del mismo!

El análisis histórico muestra que bajo la racionalización de todos los estados y las clases gobernantes yace una ideología básicamente elitista, toda vez que su aparición al comienzo de la Edad de Bronce ("si el legado de la dominación tuvo algún propósito más amplio que el sostenimiento de intereses jerárquicos y de clase, ése fue el intento de exorcizar la confianza en la competencia pública del discurso mismo." [Bookchin, The Ecology of Freedom, p. 206]). Esta ideología sufre un mero maquillaje, pero no remueve su contenido esencial con el tiempo.

Durante la Edad Oscura, por ejemplo, estuvo teñida por el cristianismo, siendo adaptada a las necesidades de la jerarquía eclesiástica. El dogma "revelado" más útil para la élite clerical fue el "pecado original": la noción de que los seres humanos son por naturaleza criaturas corruptas e incompetentes que necesitan una "dirección superior", con los sacerdotes como los convenientes mediadores entre el común de la gente y "Dios". La idea de que el hombre promedio es por esencia estúpido y luego incapaz de gobernarse a sí mismo es un resabio de esta doctrina, una reliquia del oscurantismo.

En respuesta a quienes afirman que la mayoría de la gente son "subordinados" o no pueden desarrollar más que una "conciencia de sindicato", lo que podemos decir es que ello es un absurdo que no resiste la más superficial mirada a la historia, en particular la del movimiento obrero. Los poderes creativos de quienes luchan por la libertad es a menudo realmente fascinante, y si el poder y la inspiración intelectuales no están presentes en una sociedad "normal", entonces es ésta la acusación más clara posible de los efectos de amortiguamiento de la jerarquía y de la conformidad producida por la autoridad. (Más acerca de los efectos de la jerarquía en la sección B.1). Como Bob Black indica:

Eres lo que haces. Si tu trabajo es aburrido, estúpido y monótono, es probable que acabes aburrido, estúpido y monótono. El trabajo es una explicación para la cretinización subterránea que nos rodea, aun más que ciertos mecanismo estupidizantes como la televisión y la educación. Las personas que cuya vida está completamente reglamentada, que son entregadas al trabajo después de la escuela e ignoradas por la familia en un principio y finalmente en el hogar, se habitúan a las jerarquías y son esclavas psicológicas. Su aptitud para la autonomía se encuentra tan atrofiada que su miedo a la libertad pondera entre sus pocas fobias racionalmente aprendidas. Su entrenamiento para la obediencia en el trabajo es transplantada a las familias que ellas mismas comienzan, reproduciendo el sistema en más de un modo; lo mismo en la política, en la cultura, y otros ámbitos. Una vez que logras absorber la vitalidad de la gente en el trabajo, es más fácil que se sometan a la jerarquía y a los expertos en todo. Ellos se acostumbran.

The Abolition of Work and other essays, pp. 21-2 {{{3}}}

Cuando los elitistas intentan concebir la liberación, sólo pueden pensar que ésta es otorgada a los oprimidos por élites generosas (para los leninistas) o estúpidas (para los objetivistas). Es casi inminente, luego, su fracaso. Sólo la autoemancipación puede generar una sociedad libre. Los efectos chocantes y distorsionantes de la autoridad sólo pueden ser salvados con la auto-actividad. Los escasos ejemplos de autoemancipación prueban que la mayoría de la gente, una vez concientes de que no serán liberados por otros, se encuentran más que capaces para la tarea.

Quienes proclaman su "superioridad" a menudo lo hacen por miedo a que su autoridad y su poder sean destruidos cuando las personas se liberen a sí mismas de las garras debilitantes de la autoridad, y caigan en la cuenta que, en las palabras de Max Stirner, "los grandes sólo son grandes cuando nosotros nos arrodillamos. Levantémonos."

Como sostiene Emma Goldman acerca de la igualdad de género, "los extraordinarios logros de la mujer en todo ámbito de cosas han silenciado para siempre los argumentos bobos de la inferioridad de la mujer. Aquellos que continúan aferrados a este fetiche lo hacen porque odian ante todo que su autoridad se vea amenazada. Ésta es la caracterítica de toda autoridad, desde la del amo sobre sus esclavos económicos hasta la del hombre sobre la mujer. No obstante, dondequiera que la mujer escape de su jaula, lo hará a largas zancadas, pasos de libertad." [Vision on Fire, p. 256] Los mismos comentarios se aplican, por ejemplo, a los exitosos experimentos de auto-administración obrera durante la Revolución Española.

De aquí que la idea de que la gente es muy estúpida para que el anarquismo funcione también se vuelva contra sus propios defensores. Es el caso de quienes usan este argumento para abogar por el gobierno democrático en vez de una anarquía. La democracia, como nota Luigi Galleani, significa "reconocer el derecho y la competencia del pueblo para escoger a sus gobernantes". Sin embargo, "quienes tienen la competencia política de elegir a sus gobernantes tienen también, por esta lógica, la competencia para hacerlo sin ellos, especialmente cuando las raíces de la enemistad económica son arrancadas." [The End of Anarchism?, p. 37] De este modo, el argumento de la democracia en contra de la anarquía se corroe a sí misma toda vez que "si consideras a esos valiosos electores incapaces de cuidar de sus propios intereses, ¿cómo es posible que ellos sepan escoger para sí mismos a los pastores que guiarán el rebaño? ¿Y cómo lograrán resolver este problema de alquimia social que es la elección de un genio con los votos de una masa de tontos?" [ Malatesta, Anarchy, pp. 53-4]

En cuanto a quienes conciben la dictadura como la solución a la estupidez humana, la pregunta que surge es ¿cómo es que los dictadores son inmunes a lo que parece ser una característica inherente al ser humano? Y, como Malatesta lo remarcó, "¿quiénes son los mejores? ¿Y, quién reconocerá esas cualidades en ellos?" [Op. cit., p. 53] Si ellos se imponen por sobre las masas "bobas", ¿por qué habría que asumir que no explotarán ni oprimirán al pueblo en beneficio propio? ¿O, para el mismo caso, que ellos son más inteligentes que las masas? La historia de los gobiernos dictatoriales y los monárquicos sugiere una respuesta clara a estos cuestionamientos. Un argumento similar se aplica a los otros sistemas de gobierno no democráticos, como aquellos sustentados en el sufragio censitario. Por ejemplo, el ideal lockiano (i.e. liberal clásico o libertario de derecha) de un estado gobernado por los propietarios privados está destinado a ser poco más que un régimen opresor de la mayoría para mantener el poder y los privilegios de la minoría acaudalada. Asimismo, la idea de la estupidez universal a excepción de una élite de capitalistas (la visión "objetivista") implica un sistema un poco menos ideal que el sistema perfecto presente en la literatura. Es por esto que la mayoría de las personas toleran a jefes opresores que las tratan como medios hacia un fin más que como un fin en sí mismos. Porque, ¿cómo esperar que las personas reconozcan y persigan sus intereses propios si son vistos como "hordas incivilizadas"? Son cosas incompatibles, y el "ideal desconocido" del capitalismo puro sería tan sucio, opresor y alienante como el capitalismo "real y existente".

Como tales, los anarquistas estamos firmemente convencidos de que los argumentos anti-anarquía basados en la incompetencia de las masas son inherentemente auto-contradictorios (si no evidentemente auto-utilitarios). Si la gente es tan estúpida para el anarquismo, entonces será estúpida para cualquier otro sistema. Por último, los anarquistas arguyen que dicha perspectiva no hace más que reflejar la mentalidad servil generada por una sociedad jerarquizada, en vez de procurar un genuino análisis de la humanidad y de nuestra historia como especie. Citando a Rousseau:

cuando veo a las multitudes completamente desnudas y salvajes despreciar la voluptuosidad europea y resistir el hambre, el fuego, la espada y la muerte, entonces siento que no existen esclavos capaces de razonar acerca de la libertad.

citado por Noam Chomsky en Marxism, Anarchism, and Alternative Futures, p. 780 {{{3}}}