A.1.6 Bases teóricas del pensamiento anarquista

De Ateneo Virtual, la enciclopedia libre.

El vocablo anarquismo sugiere el desarrollo en doctrina de la anarquía, proveniente ésta de la palabra griega an-archos, que significa sin señor, sin gobierno, etc. Por lo tanto, el fundamento básico del anarquismo (también se refieren a él los términos acracia y libertarismo entre otros) es la negación de gobierno y, además, del Estado como régimen y la autoridad.

Fue Proudhon quien esbozó una primera definición del término: "estado armónico, resultante natural de la supresión de todo aparato gubernamental" y “la anarquía es el orden”. Sin embargo, éstas resultan algo generales y confusas, por lo que a continuación se expondrán concisamente los diferentes conceptos sobre los que se sustenta la doctrina libertaria.

En primer lugar, cabe decir que existe una concepción puramente filosófica de la acracia. Ésta es la que, unida al emergente obrerismo decimonónico, dará lugar al anarquismo como doctrina social práctica.

Las bases teóricas de la ideología anarquista se establecen en torno a la exaltación del ideal de libertad, entendido éste como el derecho a ser dueño de la propia vida, es decir, poseer total autonomía de decisión sobre lo relativo al individuo. Esta libertad conduce al rechazo de cualquier autoridad, ya sea política, religiosa o moral, hecho que queda reflejado en la famosa frase “ni Dios ni amo”(1). Es por ello que el anarquismo se declara apolítico y antipolítico, es decir, reacio a la participación en un gobierno.

No obstante, este ideal no es excluyente en el sentido de que no se opone a la concepción de una sociedad organizada. La exaltación del individuo no está reñida con la dimensión social y comunitaria del mismo. Bien al contrario, como dice Bakunin, «no soy verdaderamente libre más que cuando todos los seres humanos que me rodean, hombres y mujeres, son igualmente libres. La libertad de otro, lejos de ser un límite o la negación de mi libertad, es al contrario su condición necesaria y su confirmación. No me hago libre verdaderamente más que por la libertad de los otros, de suerte que cuanto más numerosos son los hombres libres que me rodean y más vasta es su libertad, más extensa, más profunda y más amplia se vuelve la mía». Ésta forma de entender la libertad dará lugar al carácter autogestionario de la organización social planteada por los anarquistas.

Así, la construcción de la nueva sociedad se formulará bajo la libre unión de comunas libres (caracterizada por una lógica federalista y descentralizadora). Es decir, una unión, desde abajo hacia arriba, de asociaciones de individuos que se constituirán en comunas y que, a su vez, podrán asociarse entre ellas mediante contratos revocables por cualquier parte y en cualquier momento. En estas comunas o colectividades se garantizará la libertad de los individuos y su desarrollo en cuanto que cada uno pueda hallar los medios necesarios para el progreso en sus diversas facultades y en su ocupación laboral.

Asimismo, otras características de este tipo de organización social, y del asociacionismo anarquista en general, son la igualdad y la solidaridad y ayuda mutua, elementos básicos para el establecimiento y desarrollo de la anarquía. Su importancia en el pensamiento anarquista es amplísima y, además, componen la base social de la doctrina.

Del mismo modo, la creencia en la bondad natural del hombre, en el poder emancipador de la razón y la ciencia, en el progreso y en la armonía fundamental de la naturaleza, otorgan a la acracia la profundidad requerida sobre la que se establecen las consignas prácticas de la misma. Así, por ejemplo, la fe en la razón impulsará una importante corriente en favor de la educación integral porque, según los teóricos anarquistas, la ignorancia popular se convierte en el soporte de los privilegios y el acceso colectivo al saber garantizará el fin de la opresión política.

La revolución es en su doctrina el prolegómeno del establecimiento de la expuesta sociedad libertaria. El carácter espontáneo y libre de ésta dificulta la acción masiva del pueblo, por lo que una forma de engendrarla consistirá en originar insurrecciones(3) en diversos lugares para atraer al colectivo de individualidades hacia un alzamiento generalizado. La liberación social y económica del pueblo será, siguiendo la lógica anarquista, llevada a cabo por el pueblo mismo y, además, «debe hacerse aquí y ahora, implantarla en la vida cotidiana y mostrar con el ejemplo práctico que, efectivamente, es posible rebelarse contra el sistema y empezar a vivir de otra manera» .

Finalmente, decir que toda la teoría anarquista está impregnada de un cierto tinte moralista. Desde la crítica del sistema capitalista hasta la concepción creadora de la revolución, todo posee algún elemento de marcado carácter ético. Así, la acracia adquiere un grado que quizá no poseen otros socialismos: configura (de manera elemental, sin caer en detalles) una forma de vida.

Una vez expuestos los fundamentos ideológicos del anarquismo, quizá sea el momento de concebir una definición que sepa transmitir la esencia de esta doctrina y su trascendencia histórica. Ésta podría ser la que sigue:

A) El anarquismo es una tendencia política enmarcada dentro del pensamiento y la tradición socialista, y del movimiento obrero que
B) surge y se desarrolla durante los siglos XIX y XX (y se prolonga hasta la actualidad).
C) Se caracteriza por su especial énfasis en la crítica al Estado y la autoridad en general, y por la defensa del ideal de libertad.
D) Configura un modo de organización social marcado por la solidaridad, el apoyo mutuo y el igualitarismo,
E) en el cual los individuos se asocian contractualmente, y practican la autogestión y la colectivización de la propiedad.



(1) Éste antiautoritarismo se expresa mediante el antiteísmo (negación de Dios –Si dios existe, el hombre es esclavo; ahora bien, el hombre puede y debe ser libre: por consiguiente, dios no existe– Bakunin, p. 120), el anticlericalismo (negación de la Iglesia como fuente de dominio y estamento de opresión moral) y, en general, con la aceptación de que el poder corrompe.

(2) Mijaíl Bakuin, Dios y el Estado, España, El Viejo Topo, p. 29.

(3) Otro rasgo característico del anarquismo, que tiene que ver con su concepción evolutiva de la historia, es el papel que confieren a las minorías conscientes (vanguardia) que sirven de motor movilizador. Éstas son las que activan al pueblo con su ejemplo y le hacen avanzar (un buen ejemplo de vanguardia es la Alianza de la Democracia Social creada por el teórico libertario Mijaíl Bakunin).

(4) Félix García Moriyon, Del socialismo utópico al anarquismo, ed. Cincel, p. 133.