¿Cual es el camino? Realizando la Utopía.
De Ateneo Virtual, la enciclopedia libre.
"Ah, tu visión es basura romántica, religiosidad sensiblera, idealismo inconsistente". "Haces poesía porque no puedes arreglártelas con la realidad concreta", esto me dice la vocecita en mi espalda. Pero de frente, si estuviera cerca, podríamos dialogar. Y en nuestro diálogo se aclararían las descripciones de lo que puede acontecer y de cómo se pueden resolver las cosas. Lo que de verdad falta en mi visión es lo concreto, los cuerpos humanos reales. Ahí dejaría de ser una mirada inconsistente para ser una realidad encarnada."
Su Negrin
En vez de sentirnos desalentadas y aisladas deberíamos estar en nuestros pequeños grupos de discusión planificando, creando y problematizando…siempre deberíamos estar comprometiéndonos y generando activismo feminista, porque de este modo nos desarrollaríamos lentamente. En ausencia de este trabajo las mujeres consumen tranquilizantes, se enferman y se suicidan.
(Cathy Levine)
Aquellas que vivíamos con la excitación de las marchas, las huelgas estudiantiles y las consignas de REVOLUCIÓN, AHORA, de los años 60, podríamos sentirnos desilusionadas y con una actitud cínica frente a cualquier cosa que pase en los 70. Rindiéndonos y aceptando aquello que parece más fácil que encarar las expectativas de décadas de lucha e incluso el fracaso definitivo. Por ello necesitamos una plataforma que nos permita enmarcar el proceso de revolución, ya que sin ella estamos condenados al encierro, a la lucha aislada o a las soluciones individuales. El tipo de plataforma o punto de consenso que proporciona el anarco-feminismo puede aparecer como un requisito para sostener cualquier intento de alcanzar horizontes utópicos. Si miramos a España y Francia vemos que la verdadera revolución no es "ni un acontecimiento accidental ni una maquinación desde arriba en busca de cuotas de poder" (Sam Doigoff). Toma años de preparación: intercambiando ideas e informaciones, realizando cambios en la conciencia y en las acciones y creando alternativas económicas y políticas a las estructuras jerárquicas del capitalismo. Requiere que la acción directa espontánea pase de los individuos autónomos a la confrontación política colectiva. Es importante "liberar la mente" y la vida personal, pero no es suficiente, la liberación no es una experiencia solitaria, forma parte de la coordinación con otros seres humanos. No hay una "liberación de mujeres" individual.
Por eso de lo que hablo es de un proceso a largo plazo que implica una serie de acciones para desaprender la pasividad y aprender a controlar nuestras propias vidas. Me refiero a un proceso de "vaciamiento" del sistema actual a través de la creación de alternativas, (concretas) teóricas y prácticas, al estado actual de cosas. La imagen romántica de un grupo pequeño de guerrilleros derrocando al gobierno de los E.E.U.U. es algo obsoleto (como lo es la política masculina) y además irrelevante dentro de nuestra concepción de la revolución. Seríamos aplastadas si tan solo lo intentáramos. En cambio, como decía un afiche "No queremos derrocar al gobierno, sino generar una situación en la que este desaparezca en la confusión". Eso es lo que pasó (temporalmente) en España y casi pasó en Francia. Es un debate abierto el si es necesaria la resistencia armada; el principio anarquista de "El medio crea el fin" pareciera implicar pacifismo, pero el poder del estado es tan grande que es difícil descartar totalmente la violencia. (La resistencia armada fue crucial en la Revolución Española y en Francia pudo serlo también). En todo caso el tema del pacifismo puede llevarnos a otra discusión y lo que me interesa aquí es enfatizar la necesidad de una preparación para transformar la sociedad, que incluya una plataforma anarco-feminista, además de paciencia revolucionaria y una activa confrontación continua con las actitudes patriarcales enquistadas.
Hemos estado involucradas muchos años en estas tácticas de preparación pero necesitamos continuar y llevarlas más allá. Las visualizo, básicamente, en tres niveles: 1. Educacional (intercambio de ideas y experiencias); 2. Económico/político; 3. Personal/político.
La "Educación" genera aceptación pero no significa "llevar las palabras a las masas", ni la persecución de los individuos para recetarles formas de ser. Me refiero a los métodos con los que hemos compartido nuestras vidas con otros desde la escritura (nuestra red de publicaciones feministas), los grupos de estudio, los programas televisivos y de radio de mujeres, las marchas y el teatro callejero. Los medios de comunicación podrían ofrecer un espacio importante para la comunicación y difusión revolucionaria; basta pensar en cómo nuestras vidas fueron condicionadas por la radio y la T.V.. Vistas aisladamente estas cosas pueden parecer ineficaces pero la gente cambia, efectivamente, escribiendo, leyendo, conversando y escuchando a otros, así como también participando activamente en movimientos políticos. Salir a la calle juntos destruye la pasividad y genera un espíritu de esfuerzo colectivo y fuerzas vitales que pueden ayudar a sostenernos y transformarnos. Mi propia transformación de una niña norteamericana promedio a una anarco-feminista fue el producto de una década de lectura, discusiones e intercambio con muchas personas y políticos de todo el país. Puede que mi experiencia sea única pero en ningún caso es algo extraordinario. En muchos lugares de este país la gente comienza a cuestionar lentamente los condicionamientos que lo llevan a aceptar la pasividad. Dios y el gobierno ya no son las autoridades definitivas que fueron. Esto no quiere decir que minimicemos el poder de la Iglesia y el Estado sino que enfatizamos los cambios aparentemente intrascendentes en las ideas y conductas que cuando se traducen en acciones colectivas constituyen un desafío real al patriarcado.
Las tácticas económico/políticas entran dentro de la acción directa y de la "resuelta ilegalidad" (término de Daniel Guerin). El anarco-sindicalismo plantea tres modos de acción directa: el sabotaje, la huelga y el boicot. El sabotaje es: "La obstrucción al proceso de producción por todos los medios posibles". Cada vez más el sabotaje es practicado por personas influenciadas inconscientemente por los valores del cambio social. Por ejemplo el ausentismo laboral sistemático es practicado tanto por oficinistas como por obreros. La resistencia a los empresarios se practica de un modo sutil lentificando la producción o descaradamente con la transgresión. El hacer el mínimo trabajo y lo más lento posible es una práctica habitual de los trabajadores como lo es el entorpecer el trabajo (aveces como una táctica de sindicato durante una huelga). Archivar mal documentos o perder alguno importante es común en las secretarias; o el permanente cambio de señalizaciones de destino en los trenes durante la huelga de ferrocarriles en Italia, 1967. Las tácticas de sabotaje pueden usarse para optimizar las huelgas; aunque la huelga sea el arma más importante de los trabajadores ya que siempre existe la posibilidad que una huelga particular llegue a paralizar todo el sistema si se propaga a otras fábricas y se hace general. La revolución social total es entonces el paso siguiente. Por supuesto que la autogestión de los trabajadores (con un sentido claro de cómo llegar a ella y mantenerla) es el objetivo final de la huelga general; de otro modo será una revolución abortada (como en Francia en 1968).
El boicot también puede ser una estrategia importante en una huelga o sindicato, además se puede usar para forzar cambios económicos o sociales. Rehusarse a votar, a pagar impuestos o a participar en la competencia y consumismo capitalistas, son acciones significativas cuando se acompañan de alternativas sin fines de lucro (ollas comunes, colectivos de salud y de ayuda jurídica, ropa reciclada, librerías, escuelas populares, etc.…). El consumismo es uno de los bastiones del capitalismo; practicar el boicot no comprando (especialmente aquellos productos no reciclables y los con publicidad ofensiva) es una táctica que tiene el poder de cambiar el "tono de lo cotidiano". Oponerse a votar por pasividad o desencanto es más frecuente que hacerlo por una conciencia política en contra de una pseudodemocracia en la que el poder y el dinero eligen a una elite. No votar puede ser algo más que una aceptación silenciosa, si se participa simultáneamente en la creación de formas verdaderamente democráticas en una red alternativa de grupos de afinidad anarquista.
Esto nos lleva a la tercera táctica la personal/política que está vitalmente conectada con las otras dos. Los grupos de afinidad anarquistas han sido desde hace mucho una estructura orgánica revolucionaria. En los sindicatos anarco-sindicalistas funcionan cimentando la autogestión. Pueden agruparse temporalmente para una tarea de corto plazo; otros pueden ser mas "permanentes" (como alternativa a la profesionalización y a las elites) o incluso pueden ser colectivos orgánicos donde individuos concretos aprenden a relacionarse con otros sin dominación ni posesión. Los grupos de afinidad anarquista son la base potencial en la que podemos construir una nueva sociedad libertaria, no jerárquica. Las formas de vida cambian nuestro pensamiento y nuestra percepción (y viceversa) y cuando los cambios en la conciencia se vuelven cambios en las acciones y las conductas, la revolución ha empezado.
El realizar la Utopía implica muchos niveles de lucha, además de tácticas específicas que se pueden desarrollar y cambiar constantemente, necesitamos la tenacidad política: la fuerza y habilidad para ver más allá del presente un futuro revolucionario y pleno. Para llegar a él necesitamos algo más que fe, nos exige a cada uno una obligación diaria que lo posibilite y acción directa.



